Una ciudad no puede ser considerada inteligente (y por lo tanto sostenible) si no tiene la característica de Accesibilidad para todas las personas que la habitan, en particular aquellas con diferentes discapacidades cognitivas y sensoriales y sujetas a procesos de envejecimiento.
Tanto desde un punto de vista meramente humano y social como desde el legislativo existe la necesidad de facilitar la implantación de soluciones de Accesibilidad tecnológica en la totalidad de los elementos que conforman la ciudad. Para ello es necesario definir un nuevo ecosistema que forme parte de la Ciudad Inteligente y que facilite de una manera sencilla la accesibilidad y usabilidad para todo tipo de usuario de los servicios que proporciona.
Cómo afrontar la dificultad que ello entraña se aborda a través de un enfoque global basado en un nuevo concepto, ideado y diseñado por AISTE, el Espacio Integrado Inteligente.
La Accesibilidad (tecnológica) es un concepto global, igualitario, necesario e integrador de la Ciudad Digital que afecta a la totalidad de elementos y espacios, desde el hogar hasta la propia ciudad en conjunto y que requiere una continuidad desde el punto de vista urbanístico y tecnológico.
Responder adecuadamente y de una manera integral a las necesidades de Accesibilidad de colectivos específicos en el desarrollo de la Smart City es, no sólo un reto social sino un campo de negocio que mejorará a toda la sociedad. Los beneficiarios inmediatos serán personas con discapacidades funcionales de diversa índole (sensoriales, limitaciones motoras o mentales, mayores, etc.). Pero hay que hacer énfasis en un aspecto innovador que es adoptar un enfoque global y económicamente sostenible en el que surjan oportunidades de negocio para todos los agentes involucrados. Para las administraciones públicas reduce el gasto y agiliza servicios. Hay que pensar que las personas aumentan su autonomía – palabra clave – y pueden llegar a incorporarse al mercado laboral y activamente al mercado de consumo, pasando de individuos pasivos a activos en la economía.
Un EII debe ser considerado también como verdadero generador de riqueza, y, por tanto, como siempre mantenemos, como negocio en toda su amplitud: negocio social (que incrementa el nivel de bienestar del ciudadano), y negocio económico. Todo ello forma una cadena de valor donde Administración Pública, Operadores, Proveedores de Contenidos e Información, Proveedores de Servicios, Desarrolladores, Fabricantes, Integradores e Instaladores y Usuarios bajo una misma idea creadora, la ciudad inteligente y accesible, todos juegan su papel en la creación del EII. Y donde todos ganan. La Administración, ofreciendo servicios en igualdad de condiciones, abaratando costes en servicios complementarios de ayuda, y haciendo más eficientes los entornos públicos (al tiempo que cumpliendo obligaciones legales); para el sector privado, es evidente, obtendría beneficios económicos al proveer los servicios del EII con criterios de accesibilidad y usabilidad y ganaría clientes al facilitar el acceso a sus bienes, productos y servicios a una gran parte de la población; y para el ciudadano con discapacidad o limitaciones, le integra plenamente como elemento activo de la ciudad, en uso y disfrute, y por supuesto, como consumidor. El resultado es, en definitiva, que un EII puede dar respuestas “conscientes” a lo que realmente quieren los ciudadanos en forma de las aplicaciones y servicios que aparecen en los ecosistemas globales de las Smart Cities.
¿Están pensados entonces los EII para las denominadas Ciudades Inteligentes entonces?
No, o al menos no exclusivamente. La elección del término “Espacio” tiene todo el sentido, y su motivación. Un EII debe tener cuatro características esenciales: ser replicable en distintos entornos físicos con capacidad de adaptación a diferentes requerimientos de los usuarios, ser modular, ser escalable, y ser personalizable. Cuando hablamos de EII como concepto replicable, queremos trascender más allá del mero significado ciudad; un EII es replicable en cualquier espacio urbano o ciudad, sí; pero también en un espacio rural, un polígono industrial, un aeropuerto, un entorno construido sociosanitario, un puerto marítimo o u espacio hotelero o de ocio, por citar algunos ejemplos.
¿Por qué nació la necesidad de crear Espacios Integrados Inteligentes?
Por la reflexión y preocupación ante la evolución creciente de nuevos modelos, definiciones y paradigmas de Smart Cities o Ciudades Inteligentes, donde nunca aparecía contemplada la persona o el ciudadano, único elemento vivo y razón de ser de la misma Smart City, aún cuando siempre se dice “el ciudadano en el centro”. Sin la persona, sin el ciudadano, contemplado en toda su diversidad y capacidades funcionales, y en todas las etapas de su vida (infancia y envejecimiento), la ciudad no tiene razón de ser, pierde su alma y su propia filosofía. Pensamos que existía la necesidad urgente, antes de convertirse en camino sin retorno, de desarrollar e implantar la accesibilidad tecnológica (acompañada de la física, por supuesto) en la totalidad de elementos que componen la ciudad y para ello es necesario definir un nuevo ecosistema que forme parte de la ciudad inteligente y que facilite la implantación de una manera sencilla de los servicios que proporciona. Debe tener la característica de accesibilidad para todas las personas que la habitan y visitan, incluyendo aquellas con diferentes discapacidades o limitaciones físicas, cognitivas y sensoriales y sujetas a procesos de envejecimiento; todo ello a través de las Tecnologías. Una ciudad nunca podrá, ni debiera ser considerada inteligente (y por lo tanto sostenible) si no tiene la característica de accesibilidad para todas las personas que la habitan y visitan.
En un EII el usuario debe percibir el conjunto de servicios como si estuviese en un medio “homogéneo”, donde las soluciones de accesibilidad TIC forman parte de manera integrada y sin diferenciación “que la señale”, del propio uso y disfrute de los servicios presentes en ese espacio (aparcamientos, cruces, quioscos, centros culturales, restaurantes …). Bajo esta premisa, muy cercana a los principios que deben regir el concepto de Inteligencia Ambiental, un EII es Inteligente y sensible (responsive) a la demanda porque es capaz de responder inmediatamente a las necesidades de los individuos, con especial énfasis en las relacionadas con la accesibilidad. El Entorno Inteligente permite reunir dentro de sí e integrar todos los elementos de la edificación y urbanismo inteligente, compatibilizando diferentes características en cuanto a tecnologías, protocolos o servicios, bajo dos pilares esenciales y transversales: la tecnología y la accesibilidad.
Accesibilidad significa diseño para todos, y supone superar la brecha social que la falta de la misma en sus entornos de convivencia ha creado tradicionalmente para muchos ciudadanos, especialmente para aquellos con discapacidad o limitaciones. Significa asumir que todos tenemos el mismo derecho a participar activamente en la sociedad.

