Paraguay el cambio climático y su impacto en la salud

Paraguay, un país que alberga una vasta biodiversidad y cuenta con recursos naturales de gran relevancia para la región, enfrenta desafíos críticos debido al cambio climático. Ubicado en el corazón de América del Sur y caracterizado por su clima subtropical, Paraguay se encuentra entre los países más vulnerables al cambio climático según un informe de la CEPAL de 2018. Esto se debe tanto a su geografía como a sus limitados recursos para mitigar y adaptarse a los impactos climáticos. Este calentamiento global y los cambios drásticos en el clima están dejando huellas profundas en el país, afectando tanto el medio ambiente como la salud de la población.

En los últimos veinte años, Paraguay ha experimentado un aumento notable de las olas de calor. En septiembre de 2020, el país estableció un nuevo récord nacional cuando se alcanzaron los 45,5°C en la ciudad de Prats Gil, en el departamento de Boquerón. Este registro superó la marca anterior de 45°C registrada en 2009. La persistencia de temperaturas cercanas a los 40°C también ha sido evidente en varias zonas del país, especialmente en el Chaco y en ciudades como Mariscal Estigarribia y Pozo Colorado, donde en 2023 se midieron hasta 43,6°C, una cifra récord que muestra cómo las olas de calor se han vuelto cada vez más frecuentes y prolongadas. Según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología de Paraguay (DINAC), se proyecta que las temperaturas seguirán aumentando de aquí a 2050, lo cual alterará aún más el ciclo de lluvias. Estas temperaturas elevadas no solo afectan la biodiversidad, sino que elevan el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores, especialmente el dengue, una enfermedad que presenta síntomas similares a los de una gripe severa, como fiebre alta, dolor muscular y articular, náuseas, vómitos, y en algunos casos, una erupción cutánea. En su forma más grave,  conocida como dengue hemorrágico o dengue grave, puede presentarse sangrado, daño a los vasos sanguíneos y órganos, y en algunos casos, puede ser mortal y  que ha registrado un aumento preocupante en los últimos años. De hecho, en 2020, Paraguay enfrentó uno de sus peores brotes de dengue, con más de 200 mil casos reportados y una decena de muertes. Este brote representó una carga sin precedentes para el sistema de salud paraguayo, que tuvo que destinar recursos de emergencia para controlar la situación.

Además de las temperaturas extremas, el cambio climático ha alterado los patrones de lluvia en el país, provocando precipitaciones intensas en cortos períodos de tiempo y aumentando la frecuencia y severidad de las inundaciones.

En 2019, el río Paraguay alcanzó un nivel de casi 8 metros en Asunción, superando el umbral de emergencia de 5.5 metros, lo que resultó en el desplazamiento de más de 70 mil personas en las zonas ribereñas de la capital. Las lluvias torrenciales desbordaron ríos y canales, afectando tanto a áreas urbanas como rurales, donde los sistemas de drenaje no lograron absorber el volumen de agua acumulada. Estas inundaciones no solo destruyeron hogares y cultivos, sino que también afectaron infraestructuras críticas como hospitales y caminos, complicando el acceso de la población a servicios básicos y aumentando la vulnerabilidad de las comunidades afectadas. La recuperación tras una inundación de esta magnitud es lenta y costosa, y el impacto en la economía local, la calidad de vida y la salud suele ser duradero.

Por otro lado, las sequías representan otro aspecto desafiante del cambio climático en Paraguay. Según un informe de 2021 del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la agricultura, pilar fundamental de la economía paraguaya, sufrió una pérdida estimada en $1.500 millones de dólares en el sector de la soja debido a la sequía extrema que afectó al país durante la temporada 2020-2021. Esta disminución en el rendimiento agrícola no solo impacta la economía nacional y los ingresos de miles de familias campesinas, sino que también pone en riesgo la seguridad alimentaria de las comunidades. Además, la falta de agua tiene consecuencias directas en la salud, ya que afecta tanto al consumo humano como al saneamiento. En el Chaco, una región ya afectada por la sequía, la falta de acceso a agua potable ha generado brotes de enfermedades infecciosas en las áreas rurales más remotas, donde el acceso a servicios de salud de por sí ya es limitado.

El impacto del cambio climático en Paraguay también se manifiesta en la calidad del aire. Durante 2022, se registraron más de 11 mil  incendios forestales en el Chaco y otras áreas del país, según datos de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN). Estos incendios, provocados tanto por la deforestación como por prácticas agrícolas, y exacerbados por las condiciones de sequía extrema, liberan grandes cantidades de partículas contaminantes y gases tóxicos que afectan la salud respiratoria de la población. El humo generado por los incendios viaja largas distancias y afecta incluso a los habitantes de Asunción, donde los hospitales reportaron un aumento en los casos de enfermedades respiratorias como el asma y la bronquitis, particularmente en niños y adultos mayores. Según el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS), la calidad del aire en algunas zonas del Chaco en 2022 llegó a niveles «peligrosos», lo que representa un grave riesgo para la salud pública.

Además, las consecuencias del cambio climático afectan también la salud mental de las comunidades. Las inundaciones y sequías, junto con la pérdida de propiedades y fuentes de ingresos, generan estrés y ansiedad, y en algunos casos, trastornos de salud mental. En áreas rurales, donde los servicios de salud mental son escasos, este impacto es aún más profundo. La necesidad de adaptarse constantemente a estos cambios extremos y la incertidumbre económica agravan las tensiones familiares y comunitarias. De acuerdo con un estudio de la Universidad Nacional de Asunción publicado en 2021, el 30% de los agricultores entrevistados reportaron síntomas de ansiedad relacionados con la inestabilidad climática y sus efectos en la producción agrícola.

Para enfrentar estos desafíos, Paraguay ha implementado algunas iniciativas que buscan adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático, aunque las limitaciones en recursos y capacidades representan un obstáculo constante. En 2020, el gobierno lanzó el Plan Nacional de Cambio Climático, una estrategia que incluye programas de reforestación, conservación de áreas naturales y adopción de prácticas agrícolas sostenibles. El país también ha comenzado a colaborar con organizaciones internacionales, como el Fondo Verde del Clima y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para obtener financiamiento y apoyo técnico en proyectos de mitigación climática y resiliencia. en un esfuerzo coordinado y sostenido, que está involucrando tanto a las autoridades nacionales como a la comunidad internacional.

La situación de Paraguay frente al cambio climático es un recordatorio de la necesidad urgente de abordar este fenómeno desde una perspectiva global. Los efectos no respetan fronteras y cada país, especialmente aquellos con recursos limitados, enfrenta desafíos significativos que afectan a sus comunidades de manera profunda. Para Paraguay, la lucha contra el cambio climático no es solo una cuestión ambiental, sino una necesidad urgente de salud pública y justicia social. La protección de sus ecosistemas y de la salud de su población es una prioridad que necesita del compromiso y apoyo global para asegurar un futuro sostenible y seguro.

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