Opinión volver a casa por Navidad

Artículo de la doctora Ana Isabel Sanz (https://institutoipsias.com/),Psiquiatra y psicoterapeta especializada en trastornos afectivos, ansiedad, infancia y adolescencia, es directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid, dedicado a la atención integral a las necesidades psíquicas y psicopedagógicas en la infancia.

¿No quieres volver a casa por Navidad? Qué heridas afectivas puede levantar esta celebración y cómo afecta a nuestro equilibrio mental

En diciembre, viendo venir la época navideña y sus celebraciones, pueden resurgir heridas emocionales, especialmente las que tienen que ver con las relaciones familiares. Por eso, y por la potente carga afectiva que aglutinan las fiestas navideñas, no es extraño que muchas personas prefieran evitarlas, o no esperen con ganas esa “vuelta a casa” por Navidad.

Algunos conflictos latentes en las relaciones familiares se arrastran desde la infancia, otros pueden ser de aparición más reciente, pero sin duda compartir mesa o momentos de intimidad con personas con las que nos unen vínculos biológicos, u “oficiales”, pero no necesariamente armónicos, o ni siquiera demasiado cuidados, es para muchos una tensión inaceptable, bien por considerar que es una situación hipócrita o incluso francamente desagradable.

La otra cara de este momento de posible reencuentro familiar es el hacer frente a las ausencias y a la tristeza que estas activan a la par que las luces o la presión generalizada que exige ser feliz (o al menos aparentarlo). Esta disonancia emocional entre la alegría forzada y la nostalgia por los que no están resulta un reto que muchas personas no están dispuestas o preparadas para tolerar.

Las expectativas en Navidad pueden disparar la ansiedad

Por otra parte, si tratas de tolerar o incluso forzar esa alegría y ánimo de celebración cuando lo sientes impuesto, puede desembocar en ansiedad. Esto sucede porque las elevadas expectativas por parte del entorno cercano y social de una respuesta emocional optimista ante las celebraciones navideñas, implican un reto demasiado exigente y amenazador que activa respuestas de temor ante la posibilidad de no cumplir lo que se espera de nosotros.

Navidad parece sinónimo de “armonía”, “felicidad”, “plenitud”… estados muy lejanos a las vivencias de un gran número de personas. No ser capaz de aceptar esa disonancia implica un elevado riesgo de sensación de fracaso o, cuanto menos, de balance negativo de nuestra vida, con lo que ello lleva de autocrítica negativa y descalificadora y el temor a que esa misma descalificación nos llegue también de los seres que forman parte de nuestro núcleo familiar, al que quizá solo vemos de año en año.

La presión de celebrar en familia y sus efectos en el equilibrio y salud mental

El estereotipo dominante de que la Navidad es un tiempo de celebrar en compañía de familiares, constituye un modelo que amenaza el equilibrio emocional de muchos que no cuentan con un entorno familiar donde se sientan queridos.

Desviarse de la imagen idílica de la familia reunida, en armonía, incrementa la sensación de soledad, aislamiento y desesperanza de los que no perciben ese apoyo y, paralelamente, el riesgo de sentimientos de tristeza o depresión franca e, incluso, de la aparición de deseos de morir. No es casual que las fechas navideñas sean un período en el que aumentan los suicidios consumados o las tentativas de quitarse la vida.

Puedes detectar algunas señales de alerta para saber si las navidades y sus celebraciones te generan malestar psicológico, y sí poder gestionarlo:

La alteración de la alimentación (en especial las ingestas compulsivas o el abuso de azúcares), la aparición de sueños angustiosos, la pérdida de vitalidad, las rumiaciones reiteradas en torno a los encuentros familiares, y en general la elevación de los niveles de ansiedad tanto en su vertiente psicológica como somática, constituyen algunas de las alertas de cómo nos está afectando la proximidad de unas fechas que no dejan indiferente a casi nadie, para bien o para mal.

A veces no percibimos conscientemente la relación entre un estado difuso de desazón y la cercanía de fechas tan señaladas, y el hacernos conscientes de ello puede ser el primer elemento que nos ayude a poner orden en nuestro malestar.

Tu Navidad puede ser una búsqueda de autenticidad

Si sientes que “volver a casa” por Navidad representa un desafío emocional importante para ti, es básico que no caigas en la trampa generalizada de la idealización social de este período. Aunque sea muy difícil, tratemos de reflexionar sobre nuestra propia lectura de estas fechas, y de diseñar el modelo que queremos elegir para vivirlas.

Ello no quiere decir huir ni aislarse, sino no dejarse absorber por los tópicos de la dictadura de la felicidad, de la armonía idílica en nuestras relaciones o de la celebración compulsiva del modelo consumista que imponen los medios de comunicación y el mercado en general.

Tratemos de ser críticos con ese vértigo de compras, visitas, planes

sociales… que nos rodea y elijamos qué queremos compartir y con quién. Quién sabe, quizá seamos valientes y aceptemos decirnos que no nos apetece someternos al guion preestablecido de fiestas, regalos, comilonas, encuentros forzados… y reduzcamos (o ampliemos) nuestra Navidad a una búsqueda de encuentros auténticos con personas que son realmente significativas para nosotros, o un momento de mayor

atención a los vecinos, o simplemente a un reencuentro con nosotros mismos. O tal vez sean unos días más.

¡Quién sabe, qué días queramos vivir! Esperemos que sean los que realmente queramos y no un ritual en el que nos sentimos atrapados o asfixiados como si de un corsé incómodo se tratase que solo nos deja heridas en la piel y vacío en el alma.

¡Feliz Navidad!

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