“Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa, y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya”.(“Mediterráneo”. Joan Manuel Serrat).
A menudo, a lo largo de los años que llevo pisando este bendito planeta, me he planteado como ha influido en mi vida el lugar donde he tenido la fortuna de nacer. Y es más que seguro que gran parte de la personalidad, aparte, sin duda alguna, de la educación, viene determinada por el punto geográfico en el que vimos la luz, más aún si, como yo, permanecemos en él.
Lo que ya es más difícil de discernir, pero igualmente cierto, es que el destino de los países también se encuentra en la mayoría de ocasiones condicionado por su situación geográfica y orografía, como si se tratase de entidades con su propia personalidad, más allá de la que determinan las gentes que los componen.
Si uno observa la situación desde un ángulo adecuado, España es un país, englobado en un continente, que sin embargo parece buscar la individualidad, parece querer huir, y no lo logra únicamente por la solidez del pedazo de tierra que nos une a Francia, que la naturaleza, en su enorme sabiduría, ha reforzado con la magnífica mole de los Pirineos, no vaya a ser que, de tanto mirar al mar, un día de estos nos vayamos flotando hacia nuevos horizontes. Si, es cierto que también está Portugal, en la península Ibérica, pero el sentimiento hacia este pequeño país es de hermandad y cercanía, no así como ocurre con los franceses y otros socios europeos, con los que históricamente hemos tenido más que palabras, quizá precisamente porque en el fondo siempre hemos querido ser una ínsula, no una península.
España es un país abierto al mar, así, sin más. Y ello ha determinado la apertura de sus gentes, la alegría y la hospitalidad de quien tiene sus fronteras abiertas por naturaleza, las físicas y las humanas, y se beneficia del cosmopolitismo que aporta recibir al viajero con los brazos abiertos. Y esta apertura al mar, ha determinado los momentos más gloriosos y los más amargos de nuestra historia. La posibilidad que ofrece poder salir de una costa propia hacia cualquier horizonte hizo de España un imperio, de la misma manera que lo rindió al enemigo en más de una ocasión.
El país que ocupa este número de DWM, Armenia, es un país que, geográficamente hablando, afronta el hándicap de no tener salida al mar. No quiero imaginar lo que supondría para alguien como yo, que necesito ver el mar varias veces al año, tener que cruzar fronteras para bañarme en sus aguas. Y si bien cuentan con el imponente lago Seván, o Sewansee, este no deja de ser una ilusión de mar, encerrado también en la orografía del país.
Esta situación geográfica, por contra a la española, sin duda ha condicionado a Armenia a tener que integrarse en distintos colectivos, por fuerza o necesidad, ya que su orografía lo ha condenado a no tener ninguna parte de su territorio libre de fronteras que le cerraban el paso. Desde el imperio Otomano a la URSS, actualmente Armenia se encuentra englobada, es parte, de más de treinta y cinco organizaciones internacionales. Sin duda, una ventaja para un país condicionado a negociar o a afrontar conflictos, como ha ocurrido, históricamente, con sus vecinos turcos.
Para terminar de rizar el rizo, Armenia es un país transcontinental, a medio camino entre Europa y Asia, ya que aunque cultural, histórica y políticamente siempre ha sido considerada parte de Europa, se encuentra ubicada en el Cáucaso meridional, frontera natural entre ambos continentes.
Sin extenderme, ya que no pretendo hacer un análisis geopolítico, para eso ya están otros, baste analizar las diferencias geográficas entre España y Armenia, para determinar que el camino histórico de las naciones en general está tan influido por su localización como la personalidad de sus gentes. Y que los que tenemos el privilegio geográfico y el deber histórico de acoger a los que llegan, si bien afrontamos complicaciones terribles, también tenemos la suerte de ser crisol de culturas, con el enriquecimiento personal y colectivo que ello puede suponer.
Julio Moreno López.

