Juan Alcalde, Pintor y Grabador

Introducción

La historia del arte en España está marcada por figuras que han dejado una huella imborrable en la cultura y la expresión artística del país. Entre ellos se encuentra Juan Alcalde, un pintor cuya vida, marcada por el exilio y la búsqueda de la libertad creativa, refleja los avatares de un siglo XX en constante transformación. Nacido en el Rastro de Madrid en 1916, Alcalde se convirtió en un referente de la pintura española, reconocido por su estilo inconfundible y su capacidad para captar la esencia del mundo que lo rodeaba. Su trayectoria artística es una narrativa que abarca décadas de dedicación, exploración y un profundo amor por el arte.

Biografía

Juan Alcalde nació en el distrito del Rastro de Madrid en 1916, en el seno de una familia humilde; su padre, zapatero, y su madre, ama de casa. Desde joven, mostró un talento innato para el dibujo, lo que lo llevó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. En 1933, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde desarrolló sus habilidades artísticas hasta que el estallido de la Guerra Civil Española interrumpió su formación.

Durante la contienda, Alcalde se vio forzado a abandonar su país y se estableció en Francia, donde realizó sus primeras exposiciones. En 1944, tras varios años de exilio, regresó a Madrid y se casó con Conchita Moreda. Sin embargo, su deseo de explorar nuevas oportunidades lo llevó a Venezuela en 1950, donde pudo vivir de su profesión como pintor, realizando encargos y participando en exposiciones que consolidaron su reputación en el ámbito artístico.

La vida en Venezuela fue un periodo prolífico para Alcalde, pero su búsqueda de nuevas inspiraciones lo llevó a regresar a París en 1961 con su familia. Instalándose a las afueras del Sena, comenzó a capturar en sus obras la vida cotidiana de la ciudad, pintando gabarras y retratando a los trabajadores del río. Durante su estancia en París, conoció a destacados miembros de la Escuela Española en París, como Baltasar Lobo y Joaquín Peinado, y estableció una amistad con el célebre mimo Marcel Marceau.

Alcalde combinó su dedicación a la pintura con trabajos nocturnos en una academia, lo que le permitió sostener a su familia mientras continuaba creando obras que resonaban con su inconfundible estilo. Su talento fue reconocido en 1973, cuando el Ayuntamiento de París le concedió un estudio de forma definitiva, un espacio que le permitió seguir desarrollando su arte con total libertad.

A lo largo de su carrera, Alcalde exploró diversas técnicas y estilos, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes de la Escuela de París. En 1980, realizó un viaje a Nueva York, lo que enriqueció aún más su perspectiva artística. En 1983, decidió regresar a Madrid, donde continuó produciendo obras que reflejaban su profunda conexión con el mundo que lo rodeaba.

La publicación de la monografía Juan Alcalde de ventolera en ventolera, escrita por Joaquín de la Puente y prologada por Camilo José Cela en 1985, cimentó su legado en el mundo del arte. Cela describió su obra como «un clásico por encima de las academias», resaltando su habilidad para «pintarnos el mundo de primera mano» con un trazo que conmueve al espectador.

Su trayectoria fue reconocida con exposiciones, incluyendo una significativa en la Sala Dalmau de Barcelona en 2001, y con la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores en 2016. Juan Alcalde falleció el 31 de mayo de 2020, a la notable edad de 102 años, dejando tras de sí un legado artístico invaluable.

Conclusión

Hoy, la vida y obra de Juan Alcalde continúan siendo una fuente de inspiración para nuevas generaciones de artistas y amantes del arte. Su historia es un recordatorio de cómo el arte puede trascender fronteras, contar historias y, sobre todo, tocar el alma de aquellos que se detienen a contemplarlo. Juan Alcalde no solo fue un maestro de la pintura, sino también un hombre que vivió intensamente, dejando su marca en el mundo del arte y en el corazón de quienes lo admiraron.

Analisis de la Obra, Mirada del Artista

Juan Alcalde pinta superponiendo capas y parece que no está nunca contento con lo anterior; por lo que va dejando capas enterradas en nuevas capas de pintura que palpitan desde  el interior y dan a la obra unos matices inconfundibles, hasta que la obra sale a su gusto, las capas de antes se notan pero le dan una fuerza intensa. La paleta de amplia gama de colores al óleo, sobre un pequeño taburete redondo y giratorio de madera, frente a su  caballete al que le entra la luz directamente desde la ventana que da a la calle Carranza.

Es una pintura sugerente, emotiva, fruto de un trabajo ímprobo a pesar de la sencillez que aparenta; refleja una vida propia, una atmósfera peculiar e íntima, llena de matices que van saliendo de una pintura hecha a base de capas y capas, en las que quedan la materia, la pincelada de blanco y de sutil color, con una buena composición, esquemáticamente lineal. Porque Juan Alcalde es un pintor lleno de ilusión, un pintor con ganas de aprender y experimentar; de hacer cosas nuevas respetando siempre su estilo.

Su pintura refleja las experiencias sufridas, con un estilo propio que se ha ido consolidando a lo largo del tiempo. Ha representado a España, París, Caracas, Madrid, Barcelona, Valencia y Londres, en diferentes muestras, y sus cuadros desvelan paisajes de dos ciudades símbolo de la cultura moderna: Paría y Nueva York, y también ahora en Madrid. Y recoge con toques expresionistas personajes que reflejan su pensamiento y su forma de vida: “en arte, lo único válido es lo mágico del espíritu; lo demás, con tesón, se aprende”, Alcalde es un pintor importante, que debe estar en toda colección de arte español contemporáneo que se precie.

 

Alrededor de 1935, un día en clase de desnudo en la Escuela de San Fernando, situada en el número 13 de la calle de Alcalá, en el edificio del Museo y la Academia, se acercó mi compañero Antonio Buero Vallejo y me dijo ¨¡Alcalde, eres el doble de Charles Chaplin!¨

Juan Alcalde que paso sus malos momentos, como el cuenta, en varias conversaciones que tuve la suerte de escucharle sobre la guerra Civil, reflejan en los gruesos trazos de sus obras ese sentimiento, muchas de las veces deformados, sobre sus dibujos y grabados, por ser el color negro el que predomina, contraponiéndose a su obra pictórica, abundante gama  de grises y blancos, de matizados colores.

Toda su obra está impregnada  de profunda poesía y de una delicada inocencia, llena de la verdad que ha sabido extraer de la vida.

Juan Alcalde tiene interés por plasmar sus recuerdos y reflexiones en negro sobre blanco, casi todos los días escribe algunas líneas ; lo hace de forma anarquica y aleatoria, según le van surgiendo las ideas, sin ningún orden preconcebido, que pueda estar espontaneidad, pero también todos los días sin excepción, después de su paseo según dice, ¨para poner en marcha los motores¨se pone a pintar. La pintura es un estado vital, es lo único que realmente le motiva. 

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