Introducción
Colombia se sitúa en la parte Norte del extremo occidental de Sudamérica; tiene frontera con Panamá al Noroeste, con Venezuela al Este con Ecuador y Perú al Sur y con Brasil al Sureste. Tiene litoral marítimo con los mares Caribe al Norte y Pacífico al Este. Su extensión territorial continental alcanza una superficie de 1.141.748 km2, más 928.660 km2 de soberanía en las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en el mar Caribe. Está poblada por unos 51.600.000 habitantes, de los que poco más de la mitad son mujeres y el resto hombres. El nombre de Colombia fue dado en honor a Cristóbal Colón, descubridor del Nuevo Mundo, y su capital es Santa Fe de Bogotá poblada por 8.000.000 de habitantes.
Época Prehistórica
Se estima que los primeros pobladores del actual solar de Colombia llegaron procedentes del norte entre 20.000 y 12.500 años a.C. Así lo demuestran los hallazgos pictográficos rupestres encontrados en los Abrigos rocosos de Chiribiquete, datados sobre 20.000 años a.C.; y los yacimientos humanos de Rocas del abrigo El Abra datados sobre 11.000 años a.C. En ambos casos se cree que eran grupos nómadas de cazadores-recolectores, posiblemente relacionados con la Cultura Clovis en Nuevo México.
En la época inmediata anterior a la llegada de los españoles, el territorio de Colombia estaba ocupado por gran variedad de culturas o tribus, entre las que destacaban: los Muiscas, Taironas, Quimbayas y Zenúes, que vivían en pequeñas comunidades diseminadas por el territorio.
Los Muiscas eran uno de los grupos autóctonos más numerosos del país, y estaban asentados en el altiplano cundiboyacense, ellos fueron los creadores del mito de —El Dorado—; los Taironas estaban asentados en la Sierra Nevada de Santa Marta, y se dedicaban a la agricultura y la artesanía; los Quimbayas, asentados en los territorios del actual Eje Cafetero, eran famosos por su orfebrería; los Zenúes estaban asentados en los valles de los ríos Sinú y San Jorge, así como en el litoral Caribe en los alrededores del Golfo de Morrosquillo, y despuntaban por ser buenos tejedores de fibra vegetal, además de la agricultores. Estos grupos tribales tenían economías basadas en la agricultura, la artesanía, la caza, la pesca, y el comercio entre sí. Además había asentamientos del Imperio incaico en el Altiplano nariñense, donde aún se pueden encontrar huellas-restos de la red vial del Tahuantinsuyo. Todos estos pueblos eran totalmente ágrafos, no conocían la escritura.
Descubrimiento y Conquista
En 1499, la expedición de Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio llegó a la costa caribeña, dando así inicio a la era del descubrimiento y conquista de Tierra Firme. La fundación de las ciudades de Santa Marta en 1525 por Rodrigo de Bastidas y de Cartagena de Indias en 1533 por Pedro de Heredia, marcaron el establecimiento de los primeros asentamientos permanentes castellanos en los territorios de lo que luego sería, Colombia. En 1536, Gonzalo Jiménez de Quesada encabezó como capitán general una expedición de exploración del río Magdalena con una hueste de seiscientos soldados españoles y varios cientos de indios caribes, taironas y yariguíes, además de unos cuantos esclavos negros. Jiménez de Quesada remontó el río Magdalena, exploró los valles de su curso medio y en 1537 alcanzó las llanuras de la meseta de Cundinamarca situada en el centro de Colombia, que bautizó como nuevo reino de Granada, y allí el 6 de agosto de 1538 fundó la ciudad de Santafé de Bogotá.
A comienzos de 1539 llegaron a Bogotá dos nuevas expediciones encabezadas por Nicolás Federmann y Sebastián de Belalcázar respectivamente, por lo que ya tenemos a tres capitanes expedicionarios reclamando las mismas posesiones: a Jiménez de Quesada con la ruta ya descrita, a Nicolás Federmann que había partido con trescientos hombres de Coro en Venezuela cruzando Los Llanos del Orinoco y los Andes, y a Sebastián de Belalcázar que había partido desde el actual Ecuador con una hueste de españoles y la compañía de miles de indios quechuas yanaconas que sometió el sur del país y fundó las ciudades de Popayán y Cali, concurriendo en un mismo tiempo y espacio, atribuyéndose cada uno de ellos la conquista del mismo territorio. Los tres regresaron a España para que la corona dirimiera la disputa, y el Consejo de Indias resolvió no otorgar a ninguno de los tres el ansiado título de gobernador.
En 1550, Gonzalo Jiménez de Quesada regresó a Bogotá con el título honorífico de mariscal y regidor perpetuo de Nueva Granada concedido por el Consejo de Indias. Trece años después, en 1568, Gonzalo Jiménez de Quesada recibió una comisión para conquistar Los Llanos, una amplia zona al este de los Andes colombianos en busca del mítico Dorado. Partió de Bogotá en abril de 1569 con 400 españoles, 8 sacerdotes, 1500 nativos, 1100 caballos y cinco bergantines. La expedición descendió a Mesetas en el alto río Guejar, pasó por San Juan de los Llanos en dirección sureste durante dos años, para retornar a San Juan de los Llanos y desde allí llegar a Bogotá en diciembre de 1572 con tan sólo 64 españoles, 2 sacerdotes, 4 nativos y 18 caballos.
La vida colonial
En 1564, la corona creó la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, en cuya jurisdicción se incluía las actuales Panamá, Venezuela (menos Caracas) y Colombia, excepto lo que es hoy Nariño, Cauca y el valle del Cauca, entonces bajo la jurisdicción de la presidencia de la Audiencia de Quito (actual Ecuador).
Para estas fechas ya se habían fundado muchas de las grandes ciudades de Colombia. La primera de esas fundaciones fue Santa Marta el 25 de julio de 1525 por Rodrigo de Bastidas, seguiría Cartagena de Indias el 1 de junio de 1533 por Pedro de Heredia; Santiago de Cali fue fundada el 25 de julio de 1536 por Sebastián de Belalcázar, quien también fundó Popayán 13 de enero de 1537; Santa Fe de Bogotá fue fundada 6 de agosto de 1538 por Gonzalo Jiménez de Quesada; Tunja fue fundada el 6 de agosto de 1539 por Gonzalo Suárez Rendón; Cartago, hoy Pereira, se fundó 9 de Agosto de 1540 por Jorge Robledo; Medellín fue fundada 2 de marzo de 1616 por Francisco de Herrera Campuzano, y Bucaramanga fue fundada el 22 de diciembre de 1622 por Andrés Páez de Sotomayor.
Desde el principio del descubrimiento y conquista, la Iglesia Católica jugó un papel fundamental en la vida colonial, introduciendo la cristianización e hispanización a través de la educación, la formación de artes y oficios, la urbanidad, la sanidad, etc. Las ciudades pronto se convirtieron en centros de poder político y religioso con Santa Fe de Bogotá como capital del virreinato.
En la inmensa mayoría de las principales ciudades que fueron fundándose a lo largo y ancho de los territorios de la Audiencia Real del Nuevo Reino de Granada, se fundaron colegios y universidades. En Bogotá fundaron el Colegio Mayor Santo Tomás de los dominicos, el Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé y el Colegio de Mayor de Nuestra Señora del Rosario, ambos del arzobispado capitalino; la fundación de la Universidad Javeriana y de los colegios jesuitas de Cartagena, Tunja, Honda, Pamplona y Popayán, instituciones en las que la Compañía de Jesús tuvo un papel relevante en su fundación y luego por su especial dedicación a la educación y formación general de sus pupilos con pulcritud y de rigor; aunque la Compañía contó con el frontal rechazo del resto de las órdenes religiosas y la iglesia secular, fundamentalmente por la fama que les acompañaba de protectora de los indios y negros.
La actitud de rechazo de sus congéneres en la religión, unida a la presión de los grandes propietarios encomenderos, obligó a la Compañía de Jesús a buscar lugares libres de presión para realizar su apostolado, y lo encontraron en los distantes Llanos de Casanare, donde no había encomiendas y los dispersos, salvajes y belicosos indios vivían desnudos como antes de la conquista, alimentándose de la caza, la pesca y una agricultura rudimentaria. Allí instalaron sus —reducciones—, donde construyeron pueblos con talleres, telares y escuelas de música, prepararon el terreno donde crearon sementeras de cereales y huerta, y montaron hatos ganaderos; además sembraron cacao, matas de café, canela y vainilla para la exportación por el río Orinoco.
Cuando el 21 de julio de 1773 Clemente XIV firmó un breve -o documento papal redactado en forma menos solemne que las bulas- titulado Dominus ac Redemptor, mediante el cual eliminó a los jesuitas de la estructura de la Iglesia y los despojó de todos sus bienes. La corona española en aquél momento sobre las sienes de Carlos III, ordenó a finales de marzo de 1767 la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los sus territorios, produciendo con ello el derrumbe del sistema educativo colonial que se basaba casi en su totalidad en los colegios, seminarios y universidades de la Compañía; todo el sistema educativo pasó a las manos de los frailes dominicos.
La Inquisición también viajó a América y se estableció en tres ciudades: Ciudad de México, ciudad de Lima y en la ciudad de Cartagena de Indias. El Tribunal de la Inquisición de la ciudad de Cartagena, en sus dos siglos de existencia, sólo condenó a morir en la hoguera a 5 personas. La ciudad también tenía trece cárceles para presos comunes.
Durante los siglos XVI y XVII se desarrolló un crisol de etnias, castas, colores y tonos de la población colombiana, pues no en balde, en esos dos siglos despuntó la importación de mano de obra esclava de África, —población negra de ambos sexos—, que a medida que iban llegando se apuntaban a la proliferación de la mezcolanza de razas. De tal manera que fueron apareciendo y multiplicándose las llamadas “castas” —mestizos, mulatos y zambos con diferentes colores y tonos— que empezaron a mezclarse racial y socialmente con los blancos pobres que generalmente se dedicaban a: artesanos, arrieros, aparceros y medianeros de las haciendas, sirvientes y tenderos.
Por Real Cédula de 1713 se legalizó el Palenque de San Basilio fundado en el siglo XVI a escasos 50 km de la ciudad de Cartagena de Indias por negros —cimarrones—. Los fundadores de este asentamiento en las cercanas ciénagas del Canal del Dique, eran esclavos negros huidos de las haciendas de sus amos, encomenderos blancos, denominados cimarrones; y eran una amenaza constante para los barcos de negreros que llegaban a Cartagena cargados de negros africanos esclavizados, ya que los asaltaban y liberaban a cuantos africanos podían.
La economía de los territorios de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada se basó en la minería, especialmente de oro y esmeraldas, así como la agricultura y el trabajo de los indígenas, quienes fueron incluidos en el sistema de encomiendas existente en el resto de los territorios de Nuevo Mundo bajo la corona de Castilla. Pero también en el comercio lícito con la metrópoli e ilícito con el contrabando; actividad ésta que fue, junto con la trata de negros y las minas, el origen de todas las grandes fortunas de la época, que practicaban sin reparos hasta las más altas autoridades de la Real Audiencia. Por aquél entonces, estos territorios carecían de la industria y agricultura necesaria para su subsistencia, motivo por el cual, teóricamente todo venía de la metrópoli, incluidos los alimentos como: las harinas, la carne en salazón, el pescado seco, el vino, el aceite, etc.
Debido al monopolio del comercio de importación y exportación —y en particular a la trata negrera— Cartagena progresó hasta convertirse en uno de los principales puertos de las Indias, pues disfrutaba de una protegida bahía donde podía fondear la Flota de Indias entera, cuyos galeones zarpaban desde Sevilla en viajes de ida y vuelta dos veces al año; del mercado de esclavos más grande y floreciente de América; y de la cercanía al río Magdalena cuyo curso lleva al interior del país.
Por todo lo dicho en el párrafo anterior, Cartagena se convirtió en la presa más deseada de cuantos piratas, bucaneros y corsarios, navegaban por el mar Caribe, así como de las naciones europeas enemigas de España: Francia, Holanda e Inglaterra, quienes recurrentemente la atacaron, acosaron e intentaron tomar a lo largo de varias centurias; desde mediados del siglo XVI hasta finales del XVIII. Pero sólo en una ocasión fue tomada por corsarios franceses el 2 de mayo de 1697 bajo el mando de Barón de Pointis y Ducasse, que luego de la toma la saquearon.
Cartagena siempre estuvo pobremente provisionada de dotaciones humanas, armamento y naves para su defensa; no así de construcciones fortificadas y murallas, cuya edificación se encomendó al ingeniero italiano Bautista Antonelli que en 1614 inició su construcción con el baluarte de Santo Domingo. Continuó su hijo Juan Bautista Antonelli, apodado “El Mozo”, junto a su primo, el ingeniero hispanoitaliano Cristóbal de Roda Antonelli, finalizando las obras el ingeniero español don Antonio de Arévalo casi dos siglos después, en 1796. Estas fortificaciones eran las más completas del Nuevo Mundo, y aún hoy podemos contemplarlas.
Durante la segunda decena del siglo XVIII, en 1717, se creó el Virreinato de la Nueva Granada con capital en Santa Fe de Bogotá, que incluía los territorios actuales de Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela.
El 13 de marzo de 1741 la ciudad de Cartagena fue sitiada durante tres meses por las tropas del almirante británico Edward Vernon al mando de la mayor escuadra hasta entonces formada, compuesta por 186 navíos, dos mil cañones y 28.000 hombres, frente a las fuerzas españolas que defendían la plaza de tan sólo en 6 navíos y 4.000 hombres bajo el mando del teniente general de la Armada española Blas de Lezo y Olavarrieta, que les infligió una severa derrota. Los ingleses del almirante Vernon, que ya había mandado acuñar en Londres medallas conmemorativas de su victoria, terminaron por retirarse con un cúmulo de entre 8.000 y 11.000 bajas humanas y el abandono de las 1.500 piezas de artillería que habían desembarcado para atacar la fortaleza, tras fracasar en el intento de asalto a la bella ciudad de Cartagena de Indias. No obstante, en su retirada destruyeron todas las fortalezas y fortines que habían conseguido tomar durante el asedio.
Vías de comunicación en Nueva Granada
En 1533 se inició la construcción del canal del Dique con el fin de unir varios pantanos y ciénagas del delta y hacerlo navegable entre el río Magdalena, en el municipio de Calamar y el puerto de Cartagena, acortando los tiempos y aliviando las dificultades y peligros que afrontaban los viajes por tierra y en la entrada al río por su turbulenta desembocadura de las Bocas de Ceniza. El canal es una estructura excavada sin recubrimiento de 113 km de extensión con tres desembocaduras menores: Caño Correa, Caño Matunilla y Caño Lequerica. A través de los casi trecientos años, entre 1650 y 1934, se ha venido realizado obras para modificar su trazado, su longitud y ampliar su ancho y su calado.
El Camino Real de Santa Fe a Honda fue construido por los capitanes Alonso de Olalla y Hernando de Alcocer. Se inició su construcción en 1553 en Bogotá y tras pasar por los municipios de Facatativá, Albán, Villeta y Guaduas, finaliza en el puerto comercial de Honda, en el río Magdalena, tras un recorrido inicial de 154 km. Fue inaugurado en 1570 con el derecho al cobro de peaje a las cargas que lo transitaran. Actualmente es el camino mejor conservado en la geografía colombiana y el más representativo por su importancia histórica, pues por esta vía pasaron los recursos que estaban destinados a la construcción del centro del país.
El Camino de Guanacas une las ciudades de Popayán, Neiva y Tocaima. Inicialmente era una ruta puramente militar pero cuando en 1608 se derrotó a las tribus de los Pijaos y Paeces, fue ganando importancia comercial. El surgimiento de la minería en el Chocó aumentó la importancia de Popayán y se diseñaron caminos en mal estado que comunicaban La Plata y Popayán por el páramo de Guanacas. En 1648, Diego del Campo Salazar, solicitó al gobernador de Popayán el disfrute del portazgo del Camino de Guanacas y de los pasos de los ríos de La Plata y Magdalena, es decir, el derecho a su administración y cobro de peaje, y lo obtuvo. Entonces Diego del Campo se dedicó al cobro y administración del portazgo, pero no al sostenimiento del camino que no era transitable todo el año y presentaba innumerables problemas y puntos negros.
El Camino del Quindío une las ciudades de Santa Fe de Bogotá y Quito pasando por Ibagué, Cartago, Buga, Cali, Popayán, Pasto y culminaba en Quito. Inicialmente este camino era prehispánico, pero tras la conquista y ocupación, se fue adaptan su trazado a la viabilidad y necesidades de la sociedad blanca dominante.
El Camino de los Pasto era, inicialmente, un conjunto de rutas prehispánicas que pronto pasaron a ser parte de las rutas del oro y del comercio colonial, aprovechando la infraestructura existente. En 1584, la gestión por cédula real sumada a una colecta por parte del cabildo de Cali, pusieron en marcha las obras para consolidar un camino de herradura, que pudiera mejorar el comercio y la condición de los naturales; caso que se repetiría más tarde en el Camino de Barbacoas, donde los naturales sorteaban las dificultades y peligros a través de montañas irregulares, grandes accidentes geográficos y la selva.
Independencia y Formación de la República
La influencia de la Ilustración y de la Revolución Francesa, junto con las tensiones sociales y económicas que producían las subidas de impuestos aplicadas por la metrópoli, unido al vacío de poder en España por la invasión francesa, fomentaron el deseo de independencia en los territorios del imperio español en América. El 20 de julio de 1810, se produjo un levantamiento de criollos neogranadinos en Bogotá formando juntas de gobierno que marcó el inicio del proceso de independencia, aunque la lucha sería prolongada y difícil.
Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander fueron figuras clave en la guerra de independencia. Tras varias campañas militares, la independencia se consolidó con la victoria en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819. Posteriormente, Bolívar creó la Gran Colombia, un ambicioso proyecto que unía a Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá en una sola nación. Prácticamente los mismos territorios que antaño habían formado La Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada. Sin embargo, la Gran Colombia no duró mucho, pues se disolvió 1831, y la Nueva Granada se constituyó como república independiente, pasando por varias transformaciones políticas y cambios de nombre hasta convertirse en la República de Colombia en 1886.
El siglo XIX fue una centuria muy convulsa e inestable para la nueva república, con enfrentamientos entre los dos principales partidos políticos: —conservadores y liberales—. Las diferencias ideológicas entre ambos partidos llevaron a Colombia a varias guerras civiles, siendo la más devastadora la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que dejó al país en ruinas y con miles de muertos.
El conflicto partidista también influyó en la separación de Panamá en 1903, provincia que con el apoyo y connivencia de Estados Unidos declaró su independencia. Esto permitió a Estados Unidos construir y controlar el Canal de Panamá, lo que generó un profundo resentimiento en Colombia.
A pesar de los recurrentes conflictos, Colombia logró avances en infraestructura, comercio y cultura. La economía se diversificó con la producción de café, que se convirtió en el principal producto de exportación y base de la economía nacional a finales del siglo XIX y principios del XX.
Con el siglo XX llegó un proceso sostenido de industrialización, modernización y urbanización del país. Pero también vino la violencia política y social que marcaron la senda del país durante el siglo; el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948 desencadenó el llamado —Bogotazo—, un estallido de violencia en Bogotá que se extendió por todo el país y dio inicio a una década conocida como —La Violencia—, durante la cual se volvieron a enfrentar liberales y conservadores, dejando un saldo de más de 200,000 muertos.
En 1957, los dos partidos principales, conservadores y liberales, firmaron un acuerdo llamado —Frente Nacional—, para alternar la presidencia y compartir el poder de manera equitativa, lo que permitió una relativa estabilidad política, aunque excluyó a otras fuerzas políticas y no resolvió los problemas estructurales del país.
A partir de la década de 1960, surgieron grupos guerrilleros como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), influenciados por la Revolución Cubana y las ideas marxistas. Estos grupos se enfrentaron al gobierno durante décadas, generando un conflicto armado que se entrelazó con el narcotráfico a partir de los años 80.
El narcotráfico se convirtió en un problema muy grave durante esta época, con los carteles de Medellín y Cali alcanzando un poder enorme. Pablo Escobar, líder del Cartel de Medellín, se convirtió en uno de los criminales más ricos y temidos del mundo. El narcotráfico trajo consigo una violencia extrema y una profunda corrupción en todos los niveles del Estado.
Los años 90 del pasado siglo fueron años de crisis y violencia, pero también de esfuerzos de paz. La Constitución de 1991 marcó un cambio significativo, estableciendo un estado social de derecho, reconociendo los derechos de las minorías y los pueblos indígenas. A pesar de estos avances, la violencia continuó con enfrentamientos entre guerrillas, paramilitares y el Estado.
En 2016 se firmó un histórico acuerdo de paz con las FARC, poniendo fin formalmente a más de 50 años de conflicto armado. Este acuerdo fue ratificado mediante un proceso legislativo tras un plebiscito en el que ganó el —No— por un estrecho margen, reflejando la polarización de la sociedad colombiana.
En el inmediato pasado, Colombia ha implementado un acuerdo de paz, a pesar de la violencia persistente en algunas regiones, el narcotráfico, y la crisis migratoria venezolana; además se han confirmado avances sociales, crecimiento económico y fortalecimiento de la democracia.
La historia de Colombia es una historia de resistencia, adaptación y transformación. Desde las culturas precolombinas hasta la actualidad, el país ha pasado por momentos de gloria, conflicto y esperanza.
Hoy, Colombia sigue enfrentando desafíos significativos, pero también tiene un inmenso potencial sostenido por la riqueza de su diversidad cultural, la resiliencia de su gente y el deseo de construir un futuro mejor.

