Chile y el Cono Sur enfrentan un escenario de crecimiento moderado para 2025, con proyecciones de entre 2% y 3% para nuestro país y un promedio regional similar, según cifras del Banco Mundial. Por otro lado, factores como la recuperación postpandemia y la estabilidad política son también incidentes en la situación regional. De hecho, países como Argentina, Ecuador y Perú enfrentan fenómenos políticos relevantes, cuyos resultados incidirán en su situación en todo lo que queda de la década.
Chile, por su parte, enfrenta un alto grado de endeudamiento público y está abordando reformas estructurales en materia de pensiones, impuestos y sistema político. Aún cuando el crecimiento ha sido bajo, cercano al 2%, la fortaleza del sector privado y un comercio abierto al mundo, con exportaciones que este año superaron los US$ 100 mil millones, han permitido sortear las dificultades.
La experiencia de Chile demuestra que el libre comercio es clave para atraer inversión extranjera. Con 34 acuerdos comerciales vigentes, que abarcan 64 economías y cubren el 87% del PIB global, nuestro país ha reducido su dependencia de mercados específicos, diversificando riesgos y oportunidades. Esto ha permitido que el comercio represente más del 60% del PIB chileno.
No existen recetas mágicas para atraer inversión extranjera que no sea una institucionalidad jurídica que otorgue certeza, reglas del juego claras y estables y un sistema tributario atractivo, que compita con aquellos países que ofrecen condiciones de estabilidad e impuestos competitivos.
Recientemente, el Banco Mundial ha indicado que países con entornos regulatorios eficientes atraen un 25% más de inversión directa. Ese es el elemento clave en la competencia por inversiones.
Chile es un país sofisticado en la producción y exportación de materias primas. Suele estimarse por algunos analistas y políticos que esta condición sería una desventaja. Difiero de ello, porque los recursos naturales representan un valor que, bien administrados, puede transformarse en una herramienta de progreso y desarrollo.
El país está consciente de la necesidad de diversificación, ya que hasta hace algunas décadas nuestro principal robro de exportación era la minería. Sin embargo, hoy se han incorporado otros sectores, tales como la fruticultura, la salmonicultura y la pesca. También estamos siendo líderes en la generación de energías renovables, con un cambio total en la matriz energética, que pronto llegará al 50% de energías limpias, incluido el hidrógeno verde, la generación eólica y solar.
Paralelamente, se está fortaleciendo la educación técnico-profesional, que es un requisito indispensable para el fortalecimiento de la diversificación productiva.
La innovación y la tecnología pueden aumentar la productividad en más de un 20% en sectores tradicionales como la minería y la agricultura. En ese sentido, Chile está buscando impulsar políticas públicas que incentiven los startups y financiando la digitalización de las pequeñas y medianas empresas.
El país cuenta con la mayor conexión a internet de Latinoamérica y es un activo generador de empresas innovadoras. Naturalmente, la burocracia muchas veces actúa como una barrera para el desarrollo de la innovación.
Siempre he pensado que el mejor remedio para combatir la desigualdad es el crecimiento de los países y la mejor política pública es el buen empleo. Estos dos mecanismos combinados son generadores de oportunidades, mejores salarios y, sobre todo, resguardan la dignidad de los trabajadores, porque pueden ofrecer al mercado sus habilidades y conocimientos.
Adicionalmente, cuando los países crecen y se desarrollan, mejora la recaudación de impuestos y, por lo tanto, los gobiernos disponen de mayores recursos para realizar su política social y apoyo a los sectores más vulnerables.
El cuidado de la naturaleza y el medioambiente, que es importante y deseable, debe estar asociado a un equilibrio con el desarrollo humano y el progreso económico. No son incompatibles. De hecho, la experiencia enseña que los países más pobres y con menores niveles de industrialización son, a la vez, los que presentan una mayor vulnerabilidad ambiental.
Tal como dijimos, Chile ha hecho un esfuerzo sostenible, con la participación activa del sector privado, en la generación de una transición desde las energías contaminantes, como el carbón y el petróleo, hacia un mix de energías limpias. Esto se ha logrado mediante alianzas público-privadas basadas en reglas conocidas y claras.
Creo que el mejor mecanismo de integración son los tratados de libre comercio con mecanismos de mercado, sin protecciones artificiales a las industrias locales. Chile tiene 34 acuerdos comerciales, de los cuales 19 son tratados de libre comercio. Con nuestros vecinos Argentina, Perú y Bolivia, tenemos el desafío de impulsar infraestructura conjunta para mejorar la conectividad regional, construir corredores bioceánicos y reducir barreras no arancelarias.
Chile viene saliendo de dos procesos constitucionales muy participativos en los que la ciudadanía, finalmente, decidió libremente mantener la actual Constitución.
Definido el marco constitucional, nuestros desafíos pasan por reformas como la modernización del Estado, el fortalecimiento de la seguridad pública, el mejoramiento de los sistemas de autorizaciones de proyectos de inversión y la informalidad de la economía, que actualmente llega a casi el 30%.
Recientemente se ha llegado a un acuerdo para impulsar una reforma al sistema de pensiones, que permitirá, junto con mejorar las pensiones, consolidar la existencia de un mercado de capitales transparente y competitivo, factor esencial para el desarrollo económico.

