Hace tres años, pude ver lo vulnerable que era Europa y cómo la bomba de deuda de Estados Unidos acabaría estallando, imponiéndonos un gran cambio. Percibí que no estábamos preparados para transitar de un mundo unipolar a un mundo multipolar, y la realidad es que seguimos sin estarlo. Si lees mi novela, entenderás por qué este cambio es irrevocable y ya está en marcha.
Mi trabajo me expone a cuestiones comerciales y de seguridad en distintas partes del mundo. Al salir de Europa y ver cómo nos perciben desde fuera, me impactó el odio y desprecio que generamos en ciertos países. Esto me llevó a reflexionar y a sentir la necesidad de escribir la novela, utilizando la ficción para decir la verdad.
El FMI, el Banco Mundial y, en muchos aspectos, también la ONU necesitan una actualización urgente. Thomas Jefferson decía que los ciudadanos deberían destruir y rehacer sus instituciones cada 30 o 40 años para evitar la corrupción, y creo que tenía razón. Es repugnante la cantidad de millones, luego miles de millones y ahora billones que estas instituciones han malgastado. No debemos olvidar que ese dinero proviene de impuestos, de emisión inflacionaria o de deuda que roba la riqueza de las futuras generaciones. Es un sistema insostenible, pero ha perdurado porque hay demasiados beneficiándose de él. En un mundo multipolar, las instituciones que lo gobiernen se verán radicalmente distintas.
Tres periodistas españoles me han dicho que he creado al nuevo James Bond para la generación Z con Matt Maguire. ¡Me encantaría pensar que es así! Él está condenado por las deudas generadas por los pecados de los bancos irlandeses y el éxito de su padre. Explorar su reacción ante esto fue fascinante. Su brújula moral es puesta a prueba en la novela. Sus traumas han dejado huellas imborrables en su sexualidad y en su relación con Lula Martinelli, que es única en muchos sentidos. Me encanta la reacción de los lectores ante su historia. Espero que se identifiquen con Matt y con Lula, y los juzguen por cómo actúan en circunstancias extraordinarias y peligrosas.
Creo que el feudalismo tecnológico—como lo llama Varoufakis—ya está en marcha. Hace diez años luché por los derechos de los artistas cuando las grandes tecnológicas robaron en masa sus derechos de autor, pero los artistas fueron cobardes y fácilmente manipulados. Hoy ocurre lo mismo con la inteligencia artificial, que roba literalmente miles de millones de palabras e ideas para construir sus modelos. Es asqueroso, ilegal y moralmente indefendible. Pero nadie se preocupa por los derechos individuales hasta que el problema llama a su puerta… y para entonces ya es demasiado tarde. A menudo, me desespera la estupidez humana. ¿A usted no?
Veo a miles de millones de personas que no son parte de las guerras entre el Oso, el Águila y el Dragón, pero que siempre acaban siendo vulnerables a sus caprichos. Sé que es idealista, pero desearía que tuviéramos la visión, la fortaleza y la inteligencia para unir al resto del mundo—el cuarto poder—y actuar en nuestro propio interés colectivo.
Un sentido inquebrantable de la injusticia. Pasé años en África. Ayudé a construir 20.000 casas en Sudáfrica. He visto la pobreza de cerca. La he olido. Hay más que suficientes recursos en el mundo para alimentar a todos, pero no organizamos nuestras sociedades en torno a la protección de la humanidad, sino todo lo contrario. Ahora mismo, veo a demasiados burócratas en reuniones interminables hablando de la necesidad de más armas y misiles—¡misiles!—mientras toman cappuccinos. La disociación de estos mercaderes de la guerra es asombrosa. Un ejemplo: Paula Dobriansky. Búscala. Y pregúntase por qué un ex alto cargo español ha creado un negocio de armas con ella en Europa. Pregúntase quién se beneficia de la remilitarización de todo un continente. Y pregúntase cómo crees que va a terminar todo esto. Von der Leyen encuentra 850.000 millones de euros para armamento, pero no para viviendas, educación o sanidad. Nadie eligió a Ursula von der Leyen ni a su círculo de tecnócratas. Entonces, ¿sigue siendo Europa una democracia?
Nunca dudo de mi necesidad de escribir. Un escritor escribe. Pero sí quiero contar una historia emocionante, un thriller que la gente adore. La calidad de la obra es fundamental. A veces, me atormenta la duda sobre si estoy a la altura de mis propias ideas. ¿Seré capaz de plasmarlas en la página? Por eso me interesa tanto la reacción de mis lectores ante la novela.
Como dije, me fascina la reacción de mis lectores. Pero quiero más debate, más reflexión, más conversación. Creo que hoy vivimos en dos tribus enfrentadas, y la tecnología ha reemplazado la Era de la Razón con la Era del Algoritmo. Nos da miedo intercambiar ideas. Quiero escribir más novelas de Matt Maguire. Sé hacia dónde debe evolucionar su vida y cómo debe relacionarse con el mundo multipolar y las agencias de seguridad que lo gobiernan.
La singularidad. El momento en que la IA nos supere en programación y, efectivamente, en pensamiento consciente. Cuando eso suceda, estamos jodidos. Harari cree que podría ocurrir tan pronto como en 2035. Aunque los directivos de las grandes empresas de IA claman por regulación, dudo que lleguemos a tiempo. Este será el tema de mi próxima novela. Matt Maguire se verá envuelto en ese mundo. Así que abróchate el cinturón y aprovecha al máximo los pocos años que nos quedan como especie dominante en el planeta.

