El próximo 21 de noviembre tendrán lugar las elecciones de la Sgae, la sociedad de autores y editores de España, una cita importante que marcará nuestro futuro para los próximos cuatro años. Pero que no se preocupen nuestros lectores; no voy a aburrirlos con una detallada exposición de las carencias de la gestión de la entidad durante los últimos años ni a exponer una casuística que sólo afecta a los interesados, a los que ya venimos informando puntualmente desde la candidatura CreAcción (https://creaccion.net/), de la que formo parte y que compite con la candidatura “oficialista” del actual Presidente, que, sorprendentemente, ha hecho de la “continuidad” su eslogan electoral, olvidando, quizá, que la continuidad significa que las cosas sigan como están, algo que resulta muy dudoso que sea la aspiración de las autoras y autores españoles, que han visto decrecer sus regalías de forma alarmante mientras se les aumenta el descuento de administración y se les priva de una asistencia social que ha sido bandera de la Sgae a lo largo de su historia.
Sin embargo, y al margen de nuestras propuestas “domésticas” y funcionales, sí quisiera referirme a una cuestión que es prioritaria en nuestro programa y que afecta a toda la comunidad iberoamericana y a nuestra relevancia cultural en un mundo globalizado, especialmente en un escenario digital que se impone con fuerza y que permite una amplia distribución de nuestros contenidos, pero que no hemos sabido aprovechar con toda la fuerza que nuestros repertorios nos debieran proporcionar frente a la esmerada “colonización cultural”, fundamentalmente anglosajona. Y es que, sin duda, uno de los retos más importantes que tenemos por delante es el de coordinar los esfuerzos de una comunidad de mas de seiscientos millones de personas de cara a consolidad un mercado para nuestros creadores y creadoras que nos permita ocupar el lugar que nos corresponde en un un mercado global cada día más ávido de contenidos culturales.
Debo decir, en primer lugar, que será esencial para ello el que los derechos de autor consoliden su vigencia en un entorno cada vez más complejo, exigiendo una regulación justa y eficaz que garantice una retribución acorde con el valor añadido que los creadores aportamos a un mercado en expansión, como es el entorno digital, pero en el que se nos ha apartado de la primera línea de decisión de un modelo de negocio cada día más próspero para todos menos para nosotros, pese a que somos los que aportamos la “materia prima” que lo abastece y le da sentido.
Los derechos de autor han supuesto unos ingresos de más de trece mil millones de euros a nivel global, con un crecimiento de un 7,6% con respecto al año anterior (de los que sólo apenas unos ochocientos millones provienen del mercado iberoamericano). De ellos, casi cinco mil millones provienen del entorno digital (con un crecimiento del 9,6% respecto del año anterior). Un negocio muy tentador, como verán, del que se pretende dejar fuera (o con una participación residual) a los autores, en beneficio de una industria multinacional que, no sólo se lleva la mayor parte de un pastel que debiera ser mayor, sino que ha constituido alianzas estratégicas con las grandes plataformas tecnológicas, cediendo mansamente en la negociación de las tarifas autorales a cambio de participar en los beneficios que proporciona la comercialización de los datos de sus consumidores, atraídos por los contenidos que crean los autores, a quienes se pretende dejar fuera de la ecuación. Y a ello se añade el advenimiento de una Inteligencia Artificial, que es ya una realidad imparable cuya regulación exigirá de un acuerdo con todos los afectados, desde la comprensión de que estamos ante un nuevo paradigma que se basa en la réplica (y no en una verdadera creación) y cuya fuente la constituyen los repertorios preexistentes de unos autores que no pueden permitir ser excluidos de esa mesa de negociación, como lo fueron cuando se decidió el reparto de los nuevos modelos del mercado digital, como el streaming y otros.
Ello, volviendo a nuestra comunidad iberoamericana, requerirá de una unidad que nos permita garantizar nuestra presencia en dichos mercados y nos proporcione la fuerza necesaria para hacer que nuestra voz se escuche.
El mercado musical iberoamericano ha emergido en los últimos años como una de las principales fuerzas dentro de la industria global de la música. Con una rica diversidad cultural, un creciente consumo digital y una notable expansión de géneros musicales que fusionan lo local con lo global, Iberoamérica está bien posicionada para continuar su crecimiento y expansión, si es capaz de unir fuerzas en un verdadero mercado regional. Géneros como el reguetón, la salsa, el trap, el rock en español, la cumbia, el flamenco o la ranchera mexicana gozan de una popularidad creciente tanto dentro de la región como en los mercados internacionales. La globalización de artistas como Bad Bunny, Rosalía, J Balvin, Shakira o Karol G ha permitido que las sonoridades y ritmos iberoamericanos se fusionen con tendencias globales, posicionándose como referentes de la música moderna. Y será nuestra responsabilidad, como gestoras de derechos de autor del ámbito iberoamericano, el garantizar la posición de nuestros creadores en este nuevo escenario que se abre a la oportunidad de que, por fin, seamos capaces de mostrarnos al mundo como la verdadera potencia cultural que, todos juntos, somos.
Esa es, desde luego, nuestra propuesta desde la candidatura de CreAcción para estas próximas elecciones en Sgae, dejando esa resignada “continuidad” para la candidatura “oficialista”, que parece anclada en un pasado que estamos obligados a superar si no queremos perder, una vez más, el tren de la modernidad.

